¡Oh Verbo, Oh Cristo! ¡Qué bello y qué grande eres! ¡Quién acertara conocerte! ¡Quién pudiera comprenderte!. Haz, ¡oh Cristo!, que yo te conozca y te amé.

Tú que eres la luz, manda un rayo de esta Divina luz sobre mi pobre alma, para que yo pueda verte y comprenderte. Dame una fe en Ti tan grande que todas tus palabras sean luces que me iluminen, me traigan hacia Ti, y me hagan seguirte en todos los caminos de la justicia y de la verdad.

¡Oh cristo! ¡Oh Verbo! ¡Mi Señor y mi único Maestro! Habla, que quiero escucharte y poner en práctica Tu palabra.

Quiero escuchar Tu Divina palabra, que sé viene del cielo; quiero escucharla, meditarla, practicarla, porque en tu palabra está la vida, la alegría, la paz y la felicidad.

 

Habla, Señor, Tú eres mi Señor y mi Maestro. Quiero escucharte sólo a Ti.  Amén.